Campos da amapolas en el Día Escolar de la Nonviolencia y la Paz
El pasado 30 de enero, con motivo del Día Escolar de la Nonviolencia y la Paz, los centros participantes del proyecto Escuelas Sin Racismo se llenaron de amapolas.
El Día Escolar de la Nonviolencia y la Paz (DENIP) es una jornada escolar no gubernamental fundada en el 1964 por el poeta y pacifista mallorquín Llorenç Vidal para promover una educación noviolenta, pacificadora y pacificante de carácter permanente. La elección de la fecha está vinculada al aniversario de la muerte de Gandhi que representa la principal figura de la resistencia pacífica.
Dando continuidad a la propuesta de las grullas de papel del curso pasado, vinculadas al cuento “Sadako y las mil grúas de papel”, para este curso seguimos ampliando las metáforas y simbologías alrededor de la cultura de paz. Así pues, este curso 2025/2026 serán las amapolas rojas.
La idea de las amapolas surge como símbolo pacifista después de la I Guerra Mundial. Durante esta contienda bélica, los campos de Francia y Bélgica quedaron arrasados. Fue precisamente allí, después de una batalla en los campos de Flandes donde brotaron miles de amapolas ya que las semillas pueden permanecer latentes y viables bajo tierra durante más de 100 años, solo precisan luz y suelo removido. Ese contraste entre la destrucción y la floración espontánea inspiró al médico militar John McCrae a escribir el poema “In Flanders Fields” en 1915. El poema se hizo popular y en 1921 la organización británica “Royal British Legion” decidió emplear las amapolas para conmemorar a los soldados caídos. Así nació la tradición del “Poppy Appeal” y, desde entonces, la red poppy – la amapola roja – se convirtió en un emblema de recuerdo y del pacifismo.
Días previos al 30 de enero, durante las tutorías se hizo una lluvia de ideas sobre conceptos o ideas que se les vienen a la cabeza cuando escuchan guerra, violencia, conflicto, discriminación o exclusión. Estas palabras fueron colocadas en un lugar visible que luego fueron cubiertas con las amapolas elaboradas por el alumnado de los cuatro centros participantes: IES Antón Losada Diéguez de A Estrada, IES Chano Piñeiro de Forcarei, IES Xulián Magariños de Negreira y el IES de Brión. El propio 30 de enero se leyó un manifiesto que enfatizaba que las amapolas rojas nos invitan a mirar el pasado con respeto y sensibilidad convirtiendo la memoria en un acto de justicia, mas también a soñar un futuro diferente. Así, las amapolas dejan de ser solo una flor para convertirse en un símbolo vivo. Un símbolo que nos recuerda que la paz no es solo ausencia de guerra sino una tarea diaria que requiere del reconocimiento de la dignidad de todas las personas, de la empatía, del diálogo y del compromiso con la justicia. Allí donde crece una amapola, puede crecer también la voluntad de cuidar la vida y de construir un mundo más justo y pacífico.
Trabajar a favor de la cultura de paz significa fomentar el pensamiento crítico, preguntarnos por qué se producen las guerras, quien sufre sus consecuencias y que papel podemos jugar cómo ciudadanos y ciudadanas para evitar seguir reproduciendo violencias. También implica sembrar valores como la solidaridad, la cooperación y el respeto por la diversidad. Significa aprender a resolver conflictos sin violencia, escuchar con atención y actuar con responsabilidad, pues igual que las amapolas precisan cuidado para florecer, la paz precisa educación, constancia y participación.
“Que las amapolas rojas sean un recordatorio permanente: cada gesto amable, cada palabra respetuosa y cada acción solidaria es una semilla que contribuye a construir un mundo más justo y pacífico. ¡Que florezcan pues, amapolas de diálogo, comprensión y esperanza en cada aula, en cada rincón de centro y en cada corazón!” ●
Imagen: paneles con amapolas creadas en los centros participantes.
