En Dajabón, las niñas desmontan la normalización del abuso
En Dajabón, frontera entre República Dominicana y Haití, la trata de personas no es una amenaza abstracta. Es un riesgo cotidiano que se entrelaza con la pobreza, la desigualdad de género, el racismo y la vulnerabilidad migratoria. Frente a esta realidad, desde ACPP, junto a Save the Children-República Dominicana y con el apoyo de la Generalitat Valenciana, estamos acompañando un proceso, que intenta situar a niñas, adolescentes y mujeres no como receptoras pasivas de protección, sino como protagonistas de la transformación.
A lo largo del último año, más de 300 niñas, adolescentes y mujeres han participado en ciclos formativos sobre derechos humanos, igualdad de género, prevención de violencia y trata. El 35% han sido personas migrantes o dominicanas de ascendencia haitiana en situación de apatridia, en un contexto marcado por las constantes deportaciones masivas. En comunidades donde el matrimonio infantil, el trabajo doméstico no remunerado o las “ofertas” de mejora económica se perciben como salidas legítimas a la pobreza, desmontar la normalización del abuso exige tiempo, escucha y presencia sostenida.
Este 8 de marzo mostramos unas pinceladas del trabajo colectivo hecho en Dajabón durante el último año para fortalecer el acceso a la protección integral y trabajar el refuerzo del liderazgo comunitario de las mujeres y niñas.
En los últimos meses, se ha arrancado un proceso de diseño de campañas comunitarias contra la trata que ha sido liderado por niñas, adolescentes y mujeres en riesgo y/o víctimas de trata. Se han hecho cinco campañas, no como ejercicio simbólico, sino como expresión concreta de agencia y poder colectivo.
Un grupo de adolescentes decidió pintar un mural contra la trata en la cancha deportiva local. Definieron el mensaje, eligieron las imágenes y lo inauguraron ante sus familias explicando públicamente por qué la trata no es una opción, sino una violación de derechos. Otro grupo de adolescentes produjeron un cortometraje sobre captación de niñas y adolescentes por parte de redes de trata en línea: una historia basada en situaciones reales de engaño a través de redes sociales. Actuaron, escribieron el guion y organizaron un cine fórum en su centro educativo, interpelando a sus compañeras y compañeros y docentes sobre los riesgos digitales y la importancia de pedir ayuda.
Niñas de distintas edades realizaron dibujos sobre autocuidado y valor de la vida, que fueron expuestos como obras de arte en un espacio comunitario, con sus nombres como autoras. Mujeres y adolescentes organizaron jornadas de visitas domiciliarias para alertar sobre las “promesas falsas” que utilizan los tratantes, dejando mensajes visibles en los hogares y generando conversación directa entre vecinas. Otro grupo lanzó una campaña digital en formato “history time” en redes sociales, alertando sobre la solicitud de imágenes íntimas a cambio de dinero.
Estas acciones no solo visibilizan la trata. Transforman relaciones de poder. Cuando una adolescente interpela públicamente a su comunidad sobre el matrimonio infantil, está cuestionando normas culturales profundamente arraigadas. Cuando una mujer migrante advierte a otras sobre el riesgo de explotación, está reclamando su derecho a la palabra en un entorno donde a menudo se la silencia.
Este 8 de marzo reafirmamos nuestro compromiso con los derechos de las mujeres en toda su diversidad. No basta con promover la protección: se hace imprescindible acompañar en la redistribución del poder, el cuestionamiento de las desigualdades y acuerpar a niñas, adolescentes y mujeres -dominicanas y haitianas- para que puedan, poco a poco y con un ritmo auto propuesto, no impuesto, reflexionar pausadamente sobre sus vidas y sus derechos. ●
Imagen: Mujeres y niñas participantes en el proceso de creación de campañas de sensibilización sobre la trata en Dajabón (República Dominicana).
