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Nombrar el odio para poder transformarlo: aprendizajes desde el Barrio del Cristo.

Los discursos de odio no irrumpen de forma excepcional en los centros educativos: están presentes, se reproducen y, en muchos casos, se normalizan. El proyecto “Date Cuenta”, impulsado por ACPP en el marco de Palestina y el Sur Global, parte de esta premisa para abrir un proceso educativo que conecta análisis crítico, práctica pedagógica y transformación comunitaria.

De la percepción a la comprensión:

Uno de los principales hallazgos del proceso es la brecha entre vivir la violencia y saber interpretarla. El alumnado identifica con claridad situaciones concretas, como insultos, burlas o exclusión, pero muestra dificultades para vincularlas con marcos más amplios como el discurso de odio. Esta falta de conceptualización no es menor: limita la capacidad de cuestionar estas prácticas y favorece su reproducción.

Al mismo tiempo, los datos recogidos evidencian un alto grado de normalización: más del 60% del profesorado percibe la violencia como muy o bastante normalizada en el entorno educativo. La escuela no es ajena al contexto social, pero tampoco es neutra frente a él.

Una intervención integral: más allá del taller puntual:

Frente a enfoques fragmentados, el proyecto articula un itinerario completo: formación docente, trabajo con alumnado, acompañamiento curricular y mapeo de violencias. Esta estructura permite conectar reflexión, experiencia y aplicación práctica, evitando que el abordaje de los discursos de odio quede reducido a actividades aisladas.

La formación al profesorado introduce claves como la mirada Sur Global, la revisión del eurocentrismo o el análisis de fenómenos como el antigitanismo y la cultura de paz. En paralelo, el alumnado trabaja desde metodologías participativas que combinan análisis crítico y expresión creativa.

Mapear lo invisible: la violencia simbólica:

Uno de los aportes más relevantes es el trabajo sobre violencia simbólica. A través de herramientas como el “paseo consciente”, el alumnado identifica barreras cotidianas en su entorno: espacios inseguros, falta de accesibilidad, ausencia de referentes o prácticas excluyentes.

Este ejercicio desplaza el foco desde el conflicto individual hacia las estructuras que lo sostienen. La violencia deja de ser solo un acto puntual para entenderse como un sistema que atraviesa espacios, normas y relaciones.

Interseccionalidad y jerarquías del odio:

El análisis evidencia que los discursos de odio no afectan por igual. Según el profesorado, los principales ejes son el origen cultural, el aspecto físico y la orientación sexual, seguidos de género y religión. El alumnado, por su parte, señala el riesgo de ser atacado al defender especialmente al colectivo LGTBIQ+ y a personas racializadas.

Este enfoque interseccional permite entender cómo se acumulan y refuerzan las desigualdades, evitando lecturas simplificadas.

De la detección a la transformación:

El proceso no se detiene en el diagnóstico. El alumnado genera mensajes, propuestas y contranarrativas que apuntan hacia una cultura de paz basada en la igualdad, la diversidad y los derechos. Desde la reivindicación de accesibilidad hasta el cuestionamiento del racismo o el adultocentrismo, las producciones reflejan una capacidad real de agencia.

Sin embargo, el propio profesorado señala límites claros: falta de formación específica, tiempo, apoyo institucional y dificultades para intervenir en un contexto donde estos discursos están ampliamente normalizados.

Una lección política y pedagógica:

La experiencia confirma algo esencial: no es posible abordar los discursos de odio sin una estrategia sostenida, colectiva y estructural. Las intervenciones puntuales son insuficientes frente a problemas que desbordan el aula.

Al mismo tiempo, demuestra que el cambio es posible. No desde soluciones simplistas, sino desde procesos que combinan pensamiento crítico, participación y trabajo en red. Como recoge la relatoría, no se trata de resolver problemas globales desde lo micro, sino de generar espacios educativos más seguros, conscientes y comprometidos con la justicia social.

 “Date Cuenta” no ofrece recetas cerradas. Ofrece algo más valioso: un marco, herramientas y evidencias para intervenir. Y una certeza incómoda pero necesaria: el primer paso para transformar el odio es aprender a reconocerlo.

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